No existe lugar para descansar,
tampoco donde el murmullo no me conozca.

Sé de un lugar donde nada existe y todo respira.
Las carreteras son tejados
por donde pasa una mula vieja y tonta
derramando su saliva blanca.

Bajo los tejados blancos se esconde
la ausencia,
vestida con un traje y una corbata cayendo sobre su cara,
rompe el límite de la gravedad flotando al revés.
Y sobre sus pies
una secreta Luna con aroma de café.

Como el niño que busca nacer,
la ausencia sostiene un astro amargo.
Las tazas de café no se agotan nunca,
esconden la lluvia de un pequeño planeta.

A la sombra de mi sombra,
soy fantasma de mi doble aliento:
el pensamiento de un cuerpo desnudo
castigando con cien soles mis ojos
y el presentimiento de ser habitante de lo salvaje,
caminante de dos voces sobre lecho sin color.

Las carreteras son tejados
por donde pasa una mula vieja y tonta
derramando su sangre blanca.