Te me olvidas,
Te me escapas por los ojos,
Será por eso que me cuesta despertar.
Y luego pienso, en cada una de las palabras que usé para decirte, para amarte, para besarte,
Y no pretendo volverlas a usar.
Te me puedes escapar.
Las palabras pueden cambiar,
Y transformar el color de tus ojos.
O la constelación de lunares de tu espalda
No, las líneas de tus labios,
Y el tono de tu voz,
Mi voto de silencio es inapelable.
Yo no te vuelvo a pensar,
Yo no te vuelvo a decir.
Porque corro el riesgo
De sólo pensarte en la esencia de la tarde de otoño,
Entre el jengibre de tu piel y la canela de la mía,
Me invade el desasosiego,
La ansiedad en el tiempo,
La estúpida y vil mentira que me cuento cada día,
En tanto ya no puedo despertar a tu lado.
Y por ello
Ya no te pienso
Ya no te miro
Ya no te sigo a lo largo de estas terribles noches llenas de agonía.
Sólo
Me marchó
En esta tarde perezosa que por eterna es mínima,
Así como el instante en el que fuimos.