El coche olía a cebolla
en la noche cerrada y silenciosa
en que conducía sola.
El coche olía a cebolla
como a cebolla olían mis manos,
mis manos finas,
mis manos que agarraban el volante
con la misma suavidad
con que te agarraban a ti el mes pasado.

Mis manos extrañan tus manos,
tus manos morenas de uñas anchas,
tus manos fuertes de hombre,
de dedos largos y palma grandes
que tocaban mi cara, mi cara, mi cara
y mi cuello y mi pecho.

Tus manos, me pregunto, ¿olerán ahora a cebolla?

Tus manos, tus manos,
con quién las compartes ahora.
Con quién, tus manos.
A quién acarician, a quién.
Quién las besa, quién.

Tus manos, tus manos,
las extraño tanto o más que a ti;
masajearlas, lamerlas, moderlas,
tus manos, tus bellas manos,
las templadas, las frías,
las heridas, las curadas.
Cómo echo de menos tus manos,
amor, amor, amor.