Cada pieza tiene su naturaleza
y esa es la que corresponde.

Recojo los fragmentos porque alivia
mas valoro el esfuerzo del desorden.

Aprecio el valor de la cáscara,
la piel muerta, la ceniza,
la crisálida vacía, los recortes del retal,
los jirones y las mondas.

Al transformarse en lo que toca ser
se admite el milagro como norma
y la idea de lo que llamo restos
se convierte en el único camino.

No me afano en sentir lo contrario
si es tan solo un aspecto de lo mismo.
Ya albergo el embrión de lo que seré,
permaneciendo
en la evidencia que de mí quede.