Un equilibrio insostenible desentierra las horas con una mirada de habitación,
libélulas en la nieve es la memoria frágil.
La luz artificial ahuyenta a la soledad nocturna como el revuelo de las palomas en la plaza, buscando al ser arder un día más.
Hipoteco el olvido para dejar de hundirme
en la tierra infectada de pasado.
Cómo se guarda en un recuerdo la vida,
si pasa como el aire y las estaciones.
Hoy las hojas que jamás me escribieron
han venido a mi casa
con sonrisa desenfadada y zapatos de barro.
Los cambios son de otoño
y me acomplejo por las farolas,
no es el miedo a lo posterior
sino al transcurso del camino.