“Porque si alguno cree que es algo,
no siendo nada, se engaña
a sí mismo”
(Gálatas 6:3)

en aquel tiempo hubo árboles
que crecían más allá del desierto
y como luces trémulas
se iban muy lentamente consumiendo
sumidos en un rumor entrañable
una insólita letanía en silencio
con que evitar la erosión de la luz
y la ilusión del tiempo
nadie desde entonces contempla ya
su lenta evaporación desde el suelo
lo sugestivo de su incandescencia
ni la transparencia de su destello
el canto enigmático de sus pájaros
o esa voz que les sale de muy dentro
como la de un corazón asombrado
en aquel tiempo
había hombres que eran poetas
había poetas que eran como árboles

Fragmento de la nada
(colecc. Raro Pegaso, Ediciones en huida, 2018)