Dejadme llorar a mares…
R. Alberti

Dejadme conocer sin límites,
correr de largo y pasarme,
y, como el río de estrecho cauce en el ensanche,
equivocarme.

Dejadme adivinar el fallo y precipitarme,
rápidamente como el óxido que reacciona,
hacer acto de presencia en la asociación de fracasados,
darles la mano y mi condolencia
sin rastro alguno de dolor o arrepentimiento.

Que vengo de montañas y sueño alto,
dejadme silbar como hace el viento,
quejarme a solas,
naufragar, masticando el error entre las olas.