(Mi) vuelta a Ítaca
ahora, que el solsticio
comienza a ser generoso con la luz,
ahora que ante mí
aparece la plantilla vacía de un año nuevo,
ahora que vomito por las tuberías del olvido;
todo lo que será innecesario,
y que guardo como oro en paño
todo lo que aprendí a base de incertidumbre.
Sé que beberé cada nuevo día
de cuatro ojos inocentes y legañosos
que volveré, pero ya sin las dudas del destino final,
ya tan solo con las certezas, de que es en el camino,
donde habita la curiosidad
que me mantiene vivo.