Hablar desde el cuerpo del poema
que a su vez es carne viva
liberar lo tachado o reprimido
despojar a las palabras de su armadura de hierro
provocar el desencadenamiento.

Mirar desde los ojos vacíos del poema
yacimiento donde podemos explotar
todas las miradas posibles
ese oro que nadie ambiciona
y sin embargo nos dignifica
ante la pobreza humana.

Aceptar la fe del poema
liberándonos de todas las creencias
porque Dios es castración.

Reintegrarnos desde la profundidad del poema
reaparecer en lo real y enfrentarnos a la amenaza
que es la cobardía de no ceder ante lo distinto
una experiencia particular que nos prepara para la experiencia común.